4ª Feria del Libro Internacional en Azcapotzalco (día1)

  • lunes, 20 de mayo de 2013
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  • La Langosta Se Ha Posteado
  • ©2013, Ana Delia Carrillo
        
         Día 1
         Todo estaba listo para que diera inicio la Mesa Redonda de Ciencia Ficción en la 4ª Feria del Libro Internacional en Azcapotzalco. Las filas de sillas casi llenas, algo inusual cuando de presentaciones, mesas redondas y demás actividades que tengan que ver con literatura… y si a eso le sumamos el término “ciencia ficción”… pues bueno, la asistencia tiende a disminuir notablemente. En fin, el caso es que había gente y los cienciaficcioneros no iban a desperdiciar tan maravillosa oportunidad. Además, los invitados estaban de lujo: Elia Barceló, Irving Roffe, José Luis Zárate, Francisco Haghenbeck, Bef y Gerardo Horacio Porcayo.
         Resulta que quería contarles qué onda con la mesa redonda pero, a pesar de que llegamos (el mismísimo Porcayo y yo) con una hora de anticipación al DF, este monstruo de ciudad se encargó de que llegáramos tarde. La culpa de todo la tiene el Metro. Por fin, después de hora y cuarto desde Blvd. Aeropuerto hasta Camarones, y de ahí a la Explanada de la Delegación Azcapotzalco, hicimos nuestra entrada triunfal. Bueno, entrada triunfal la de Porcayo, que fue ovacionado a su llegada al podio. Y claro, como llegó tarde, el micrófono fue puesto en sus manos a manera de castigo. Algo así como: ya que no tienes idea de qué estamos hablando, es tu turno de decir lo primero que se te ocurra, así, en caliente, sin decir agua va. Y de ahí la conversación viajó desde la evasión de la realidad hasta las distopías, pasando por la twitteratura (don Zárate, por supuesto), los mal llamados subgéneros (ciencia ficción, terror, fantasía, literatura fantástica y demás etiquetas) y la crítica a las sociedades actuales a través de escenarios alternos. Se puso intenso el asunto. Y eso que BEF El hombre en el castillo, de Philip K. Dick, un favorito de esta Langosta Posteada.
    (Bernardo Fernández) aún no llegaba. Sí, también quedó atrapado en las entrañas del Metro y llegó aún más tarde. Y claro, recibió el mismo trato que Porcayo, directo al micrófono. Pero salió bien librado. Y así, saltando de tema en tema, se les unió Paco Ignacio Taibo II, que para rematar, dijo que no había más que literatura buena o mala, y que entre su lista de libros favoritos siempre había autores de ciencia ficción. Su ejemplo más claro:
         La plática estaba rica, y curiosamente seguía llegando gente. Había parados, a falta de sillas y yo pensaba, qué chido, la ciencia ficción conquistando nuevos lectores cuando, a lo lejos, se oye un silbido de esos que abundaban en el cine cuando no empezaba la función a tiempo. Ahí supe la verdad: después de la mesa redonda venía el concierto de Real de Catorce, y la raza ya estaba impaciente. Pero Paco Ignacio, entre broma y broma los calmó, todavía dio tiempo de una ronda de preguntas y respuestas, que más que preguntas eran casi casi postulados filosóficos de los espectadores, y más que respuestas eran debrayes sobre el tema de la pregunta, pero eso es otra historia. Ésta terminó en punto de las 19:26 (hora de PIT II) con un nutrido aplauso, mitad por la mesa redonda, mitad de gusto por el concierto, y la banda cienciaficcionera, que ahora sólo coincide en eventos como éste, decidió celebrar con un pozolito y cervezas.
    

        
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    Presentación de ¿Cómo terminó la humanidad?

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  • ¿Cómo terminó la humanidad?
    de José Luis Zárate

    Domingo 26 de mayo
    12 hrs.
    Sala Manuel M. Ponce
    Palacio de Bellas Artes
    México, D.F.

    Presentan:
    Ulises Vidal y
    Alberto Chimal


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    Sturgeon en virtual órbita

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  • ©2013, La Langosta Espía

    El pasado 8 de mayo se cumplieron 28 años desde que desapareciera de las coordenadas biológicas de la humanidad, no de las bibliográficas, mucho menos de las imaginarias, el buen Ted. Tal vez por eso resulta tan incómodo descubrir que es hasta hoy que nos damos cuenta que en La Langosta no habíamos hecho ningún tipo de homenaje a ese hombre que para muchos iniciara prácticamente como un mito.

    Lo bueno de leer CF es que sus autores siempre están dispuestos a comentar mil y una cosas sobre su cofradía y la historia de ésta. Lo malo es que, entre esos comentarios, Sturgeon era una imagen obligada que casi nadie podía consultar. Si abrías un Heavy Metal de aquellos días, la novela gráfica de Más que humano estaba allí, publicitada. Más que humano de hecho parecía estar en todas partes, menos en nuestras bibliotecas.

    Sturgeon, con su cara de sátiro, de acuerdo a sus propios colegas, fue un ser que paradójicamente llegó para aportar una dimensión extremamente sensible, humana, a la ciencia ficción de los cincuenta y con ello, a la CF de ahí en adelante.

    Las historias de cómo se acercaron los miembros de La Langosta a este autor son múltiples y descarriladas. Porcayo, a través de Killdozer, mientras se chutaba una antología de robots; Zigurat con Jalea Azul, Zárate con las Manos de Bianca, con Sombras chinescas y, de hecho, toda la antología de Caviar.

    Encontrarse en la segunda década de los ochenta, cuando la CF traducida sólo te remitía a ediciones de los setenta y sesenta, era volverse por necesidad cazadores de libros. Zigurat tenía una edición de Novaro viejísima de Sturgeon en órbita, todos habíamos conseguido Los cristales soñadores y Porcayo presumía esa obra que sólo él parece adorar: El soñador. El caso es que conseguíamos intercambiar perspectivas, ediciones antiquísmas y maravillarnos con la sencillez y otredad con que ese hombrecillo de barbilla puntiaguda replanteaba las fronteras de la CF.

    Creo que cuando todos al fin conseguimos una edición de Más que humano, ya habíamos conseguido casi cualquiera de las otras producciones. Nos habíamos estrellado de frente contra la casi ilegible Venus más X y empezábamos a encontrar nuevas cartografías en manos de los nuevos exploradores del mañana hipotético.

    El último hallazgo quita aliento fue el de la única novela de vampiros que Ted escribiera y fuera publicado por Bruguera en el volumen colectivo Cuentos que mi madre nunca me contó de Alfred Hitchcock, Un poco de tu sangre, ya entrada la década de los noventa (y quizá el único que nadie se ha puesto a digitalizar, que no puedes encontrar en ninguna de las bibliotecas itinerantes de la CF que siguen apareciendo aquí y allá) y que para variar se adelantaba mortalmente a su tiempo.

    Creo que a todos, de una u otra manera, nos forzó a mirar la CF desde zonas poco ortodoxas y nos hizo jugar siempre con su límite de elasticidad. Eso, sólo eso valdría para validarlo como un autor que es necesario leer, releer, descubrir ahora que seguimos viviendo y experimentando esta terrible época del pasmo artístico y el refrito como receta universal.

    Sturgeon nos legó leyes y sus corolarios. Tomados desde Wikipedia, son estos:

    • La ley de Sturgeon dice: "Nothing is always absolutely so." (Nada es absolutamente de esa forma).
    • Muchas veces este término es aplicado a la Revelación de Sturgeon: "Ninety percent of SF is crud, but then, ninety percent of everything is crud." (El noventa por ciento de la Ciencia Ficción es basura, pero también el noventa por ciento de todo es basura.)
    • Corolario 1: "Se admite la existencia de una inmensa cantidad de basura en la ciencia ficción y es lamentable, pero no es más innatural que la existencia de la basura en todas partes."
    • Corolario 2: "Lo mejor de la ciencia ficción es tan bueno como la mejor ficción en cualquier campo."

    Ya entrado el siglo XXI, Plaza & Janes nos dio Cuerpo Divino y La fuente del unicornio. Y una de las últimas publicaciones de Martínez Roca en Gran Superficción fue Las estrellas son la estigia que quizá muchos de ustedes consiguieron disfrutar.

    Peser a todo ese ánimo de ruptura que Sturgeon se cargaba, muchos conceptos suyos llegaron a la pantalla chica y de ahí han saltado a la cultura popular. Sus contribuciones al Universo Star Trek, especialmente a través de Amok Time donde se revela el ritual de apareamiento de Spock.



    La versión de video que aquí jalo desde YouTube es una versión reducida, más apropiada para la hiperkinesis del siglo XXI.

    Influencias conscientes o inconscientes, Sturgeon sigue aquí, con nosotros, en la imaginería de toda la CF y lo fantástico.

    Ojalá el hambre literaria te lleve al encuentro de este paradójico sátiro que mucho sabía de amor, de sencillez y, sobre todo, de lo que significan los conflictos humanos.
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    ¡Mírate!

  • sábado, 18 de mayo de 2013
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  • *Theodore Sturgeon 

    Un perro púrpura derrama una sombra naranja,
    una luna negra está colgada de un cielo plateado,
    mis brazos se blanquean bajo un sol castaño
    y siento sonidos con mi ojo.

    Peces con plumas pululan en el mar
    y cuevas convexas forman el terreno líquido;
    tres grandes ballenas y un caballo con escamas
    bailan sobre la arena escarlata.

    Cada uno vivimos en un mundo de maravillas;
    lo que para ti es azul es rojo para mí,
    vemos una sombra y decimos que es verde...
    Me pregunto, ¿qué ves tú?

    Conozco mi mundo. ¡Me aburre tanto!
    Y debo soportarlo hasta que muera,
    mientras tu vida diaria es un lugar mágico...
    ¡Y estás tan aburrido como yo!



    *El presente poema se presenta como parte de un homenaje a Theodore Sturgeon y no pretende violentar sus derechos de autor, ni impostar o dar falsa información respecto al mismo. En realidad se trata de una re-publicación con origen en internet y cuya fuente original se perdiera. Cyberdark.net la adjudica a la revista Gigamesh N°16, aquí.
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    Lo Último de Nuestras Vidas

  • jueves, 16 de mayo de 2013
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  • ©1991, Héctor Chavarría

    Hoy comamos, bebamos y amemos,
    mañana puede que estemos muertos.
    Dicho de la Primera Guerra Mundial

    Entre una confusión de teletipos, fax y computadoras, la noticia le dio la vuelta al mundo y se estampó en México: los cohetes venían en camino... sin importar dónde se hallara uno. Venían más allá de Mach 2.5... cada uno de ellos con una asquerosa cantidad de kilotones. Sumados podían destruir la Tierra algo así como 14 veces —previsión humana que nadie comentó— y además, los habían lanzado todos para asegurarse.
         La comentarista de TV dio la noticia con un temblor muy comprensible en la voz y agregó al final: ¡Ya nos llevó el carajo a todos, pinches machos!
         No hubo censura, el encargado de ésta ya había salido corriendo. La comentarista lo siguió más rápido que Lourdes Guerrero en el terremoto de 1985. Alguien, con indudable humor negro, hizo sonar los acordes de la "Marcha Fúnebre", sin tomar en cuenta los millones en pérdida monetaria que aquello le acarreaba a la empresa. Con ligeras variantes, en otras dos importantes cadenas de TV hicieron cosas parecidas.
       Frente a su PC, en la redacción —ahí por Bucareli—, Arnulfo sumó dos más dos y decidió escribir la nota de color mientras todos corrían sin saber hacia dónde. Él no era un héroe, simplemente no tenía adonde ir y en todo caso, cualquier sitio seguro —si lo había— quedaba demasiado lejos. Escribió: "El día de hoy se acabó el mundo..."

    * * *

    Romualdo pensó de inmediato en su suculenta vecina y las ganas que tenía de meterse a la cama con ella...
         José Luis recordó la botella de coñac que había guardado tantos años en la despensa...
         Los recién casados Oscar y Penélope recordaron de súbito sus deseos sexuales y partieron raudos en busca de la pareja de sus sueños.
         Mariluz recordó las ganas que tenía de matar de manera cruenta y lenta a la pinche vieja del cuatro y, mentando madres por la falta de tiempo, fue por el cuchillo cebollero...
         Mauricio, consciente el hombre, decidió que si no había donde esconderse, valía más subir a la azotea y ver la explosión en directo y a todo color. Olvidó su promesa de no volver a beber y tomó una botella de la reserva...
         Antonio, comunista de corazón, abrió la ventana de su departamento en Las Lomas y gritó a las masas —no había nadie en la calle—: ¡Chinguen a su madre los gringos! Luego tomó la Smith & Wesson .38 y se metió el cañón en la boca. Se le olvidó que los cohetes que venían hacia América seguramente eran soviéticos. Detalles...
       Muchas personas, la mayoría, ni se enteraron de que la muerte venía hacia ellas a Mach 2.5, simplemente siguieron con sus trivialidades.
       Cuando supieron ya no había tiempo para nada, simplemente el pánico...

    * * *

    La comentarista de TV noqueó a un policía de tránsito —siempre había querido hacerlo— con un certero golpe de bolsa donde llevaba, además de las habituales chucherías femeninas —seis kilos y medio—, una grabadora de audio, cuatro cassettes VHS (XXX), una secadora de aire, un par de zapatos, una plancha (portátil), Kotex, Tampax, condones (por el Sida) y una foto de Ausencio Cruz. El agente, consciente de su deber, la había detenido por exceso de velocidad...
         Arnulfo continuó escribiendo su nota, después de dejar tendidos en reserva a los jefes de información, redacción y talleres —un reportero debe darse sus gustos, especialmente si practica el kung fu wu shu— y porque además, alguien debía imprimir su nota...
         Romualdo, hombre del siglo XX, explicó al esposo de su vecina sus deseos —en dos minutos por la premura— y aquél fue la mar de comprensivo, recordando a su vez sus ocultos deseos de filmar la fornicación de su mujer con otro. Sacó el equipo de vídeo. Ella —mujer mexicana al fin— se plegó a los deseos —órdenes— de su marido, con abundantes elementos femeninos de expectación, excitación y la aspiración de ser la equivalente mexica de "Garganta profunda"...
         José Luis rompió la botella de coñac en su prisa por sacarla, pero recordó con cierta alegría, que tenía tequila Cazadores en alguna parte...
         Oscar encontró a Javier y le declaró su amor apasionado. Telón...
         Penélope halló a Leticia y le declaró su amor ardiente. Telón...
         Mariluz encontró a la pinche vieja del cuatro, que le había puesto los de Miura con su viejo y —mentando madres por la falta de tiempo—, le hizo el Hara kiri. Luego, recordando la tradición mexicana le dio 70 puñaladas, de las cuales sólo una era de muerte...
         Mauricio, muy consciente, se bebió la botella de Apulco como si fuera Peñafiel, a fin de cuentas, varios años de abstinencia lo ameritaban y, súbitamente se volvió menos consciente y mucho más divertido. Lástima que no había quien lo viera...
         Antonio, con una lacrimosa plegaria a Marx —eso sólo lo sabría él—, jaló el gatillo —gringo— del revólver —gringo— deseando que hubiera sido —esas contradicciones— un Kalashnikov AK 47. ¡BLAM!...
         Las masas estaban luchando por la supervivencia, sin saber lo que era eso. Pánico. Buscaron las estaciones más profundas del Metro. Pánico. Asaltaron las licorerías. Pánico. Violaron, lloraron,  rezaron, rompieron, corrieron hacia ninguna parte. Pánico. Se comieron a puños el ayate de Juan Diego como vacuna y buscaron el corazón que, para regocijo de Huitzilopochtli, había dejado el Papa en México, no lo hallaron. Pánico. Cada quien hizo lo que creyó debía hacer en un caso así: pánico, Pánico, PÁNICO...
       En alguna parte del mundo, un hacker rió y su risa adquirió caracteres de burla cósmica...

    * * *

    Pasaron 20, 30, 40 minutos. Dos horas después, el mundo comenzó a pensar que se había salvado. Algunos no se enteraron...
         La comentarista de TV terminó haciendo strip tease en el Periférico para regocijo de los transeúntes...
         Arnulfo concluyó su nota con las últimas noticias y como fue el único que se quedó en la redacción, con la gente clave noqueada, ganó las ocho columnas, el Nacional de Periodismo y dicen que quizá el Pulitzer, por primera vez en la historia de un periodista mexicano. Sigue celebrando en "La Reforma", ahí por las calles de Bucareli...
         Romualdo folló por tres horas mientras el marido de la susodicha terminaba un 750 Beta y buscaba otro —fanático de los ángulos raros—. Ahora pide el divorcio alegando que tiene pruebas de adulterio, aunque no las encuentra. Ella se llevó lo grabado y quiere ser estrella del XXX...
         Romualdo está muy contento, aunque tuvo que cambiarse de casa...
         José Luis, después de la borrachera y cruda consecuente, decidió volverse abstemio de por vida. Hasta la siguiente alarma nuclear...
         Oscar vive muy preocupado por el Sida...
         Penélope se cambió al departamento de Leticia...
         Mariluz ya no sabe qué explicaciones dar al MP...
         Mauricio se volvió consciente de que su labor es bombardear a los grupos de AA, porque lo único que puede salvar al mundo es el Alcoholismo Activo...
         Antonio, comunista recalcitrante y de corazón, desde el Hospital Ángeles, insiste en que la única razón de que esté vivo la tiene el hecho de que Smith y Wesson eran un par de inmundos capitalistas que fabricaban los peores revólveres del mundo, como bien ha demostrado Marx en...
         Las masas siguen sin enterarse —lo cual es usual— de que hubo una alarma nuclear y se preguntan qué pasó. La Bolsa de Valores cayó otra vez, los árabes vuelven a amenazar con guerra santa, los japoneses afirman que mejorarán el sistema computarizado de noticias, tres conocidas cadenas de TV de la capital —valiéndoles madre lo que digan los sindicatos y con el apoyo de la CTM— han decidido encadenar a sus comentaristas al estudio, eso incluye a técnicos encargados de la censura, los cuales han sido equipados con revólveres Smith & Wesson .44 Magnum de seis tiros, por si las dudas, para regocijo de Harry: go ahead punk, make my day. Se inició una colecta nacional para reponer —concurso sólo para los artistas mejor calificados por la Mitra— por enésima vez el ayate de Juan Diego...
         Solidaridad...
         En México estamos curados de espanto.
         Un hacker, en alguna parte, sigue carcajeándose.

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    Bruma recursiva

  • martes, 14 de mayo de 2013
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  • ©2013, Gerardo Horacio Porcayo

    Despertó alarmada, con una angustia extraña que le subía por la garganta como si se tratara de un reflujo alcohólico.
         Levantó la cara y alcanzó a mirar cómo el hombre se ponía los pantalones. La escena la golpeó una segunda vez. Abandono; la sensación ya era innegable, inconfundible.
         —No, no otra vez —dijo y con dificultad se incorporó, trastabillando, con un mareo distinto al de la borrachera. Era como si la hubieran drogado. O quizá ella misma lo había hecho. Llevaba tanto con ese plan, en pausas, en pospuestas cada vez menos convincentes que ahora explicaban, en conjunto, muy bien aquella vista borrosa y el caos de su cabeza—. No te vayas... por favor, no te vayas...
         El hombre se ajustó la corbata. Parecía moverla con más urgencia e iba retrocediendo, sin parar, conforme ella se aproximaba.
         No le importó soltar la sábana y avanzar desnuda.
         —Apoyo... necesito apoyo aquí. Urgente... —dijo él, como dirigiéndose al nudo de satín en su cuello. Su rostro en lugar de aclararse, parecía perder todos sus rasgos.
         Lo alcanzó de las solapas y en ese momento su cara se volvió una superficie blanca y amorfa.
         —Desconecta...
         La voz surgía de todas y ninguna parte y la bruma de su mente parecía estar escapando por alguna fisura de su cuerpo e iba llenando todo el ambiente, toda aquella habitación de hotel.
         —No me dejes sola... —jaló las solapas y las prendas se hicieron girones. El cuerpo cayó hacia atrás, artificial, plástico. Y todo empezaba a seguir una ruta semejante. Los grandes cortinajes, las alfombras, las curvas de esos muebles de caoba empezaban a girar, a involucionar hacia formas más simples y sencillas, más artificialmente geométricas.
         Volteó, en busca de la cama, y avanzó con paso errático. Había algo más: se sentía observada. Y el sentimiento era viejo; más viejo que este despertar. Diferente a sentirse en pantalla, a aparecer en TV. Muy distinto. Se sentó sobre un cubo acolchado, sin sábanas o colchas, sin rasgos, sin dibujos o la silueta de los resortes.
         —Esto no está bien —se llevó las manos a la cabeza y aguantó el nuevo vahído; como si su cerebro estuviera en la centrífuga de una rueda de la fortuna, en un giro brusco de un carro en la montaña rusa. Cerró los ojos y luchó contra el túnel negro de la inconsciencia.
         Escuchó los pasos. Múltiples. No sólo los conocidos de su hombre, también otros, no humanos, como de insectos enormes, aproximándose. Aspiró su propio aroma, buscando un asidero de personalidad y ahí estaban las cinco gotas de Chanel N°. 5. Suspiró, controladamente.
         —¿Está genuinamente apagada? —era la voz del hombre... de su hombre... ese del que ni su apellido recordaba. No ahora, quizá en ningún momento anterior.
         —No puede ser apagada, ya te lo he dicho... Está dormida...
         Imaginó esa asamblea, ahí, sobre ella, rodeándola, recorriendo su desnudez... y por primera vez aquello era en verdad desconcertante. No gozaba la secreta pasión que despertaba en sus espectadores. En ninguno de ellos. Pensó en el hombre sin rostro, en esos enormes insectos, como cucarachas gigantes, sin parar de  crujir sus antenas quitinosas, sin parar de extender los demás sensores sobre su piel.
         Supo que su piel se erizaba. Temió una reacción extrema, las tenazas cerrándose sobre su cuello. Y sus precauciones fueron superadas. Quiso arrojarse de la cama y huir. Imaginó a los fotógrafos, a la policía, tras ella. Supo que eso era mil veces mejor que esto.
         Sin embargo... Su cuerpo no reaccionó más. La dejó ahí. Varada, con los oídos, la mente abierta y la piel... hipersensible.
         Las antenas la recorrían. Dos breves tenazas siguieron la curva de los dedos de sus pies. Otras tocaron sus partes íntimas. Una palma humana se posó en sus senos, algo delgado, erizado de púas de extremos romos, se curvó sobre en ese lunar que la hacía tan especial para todos, en sus labios... Se estremeció. Las imágenes en avalancha, abyectas, lúbricas, ya ni siquiera consiguieron erizar su piel. Estaba perdiendo cualquier control sobre su cuerpo, sobre la consciencia misma.
         —Si se analiza objetivamente, nada especial ni extraordinario hay en esta arquitectura... en verdad no entiendo qué buscamos...
         —Por eso es tan necesario cartografiarla, reproducirla... Ella es un misterio que nos dará la clave para nuestra vanguardia.
         —Hablas como si el sustituto que dejáramos en su lugar fuera una bagatela, un producto menor.
         —La reproducción de las formas externas no es ahora el problema. El cuerpo muerto es perfecto... Y su decrepitud natural. Pero...
         —La necesitamos viva...
         —Al menos a su esencia.
         Ecos graves empezaron a  llenar el ambiente. Sonidos de aire a presión, de grandes máquinas poniéndose en pesada, aparatosa marcha. Se sintió elevada, con todo y cama. Las voces empezaban a perderse.
         —Cada vez me pregunto si valdrá la pena todo este esfuerzo.
         Después todo fue más frío, más oscuro. Se sintió caer en el sueño, en el cobijo tenue que cada noche alcanzaba y le permitía huir, al menos por unos momentos, de aquella pesadilla insecta, recursiva.
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    Ellis Y Eileen: dos traducciones

  • miércoles, 8 de mayo de 2013
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  • ©2013, Pepe Rojo

    Nunca en mi vida me habían pedido que diera un taller de narrativa, cosa que hace poco me pidió el Centro de Estudios de Postgrado Sor Juana acá en Tijuana.
         Para establecer la atmósfera, decidí traducir estas pequeñas piezas. La primera, de Warren Ellis, aparece como introducción a su colección de textos electrónicos "Shivering Sands". Ellis es un escritor diarreico, su nivel de producción es tan abrumador como constante, pero además, es terriblemente divertido. Su trabajo lo hace principalmente en cómics y ha escrito varias obras fundamentales del género. El texto de Eileen Gunn aparece también como introducción a su excelente antología de historias "Stable strategies and others". Eileen es una gran cuentista que en realidad escribe menos de lo que debería. Ella es un "nexo entre realidades", y gran parte de su trabajo es conectar personas y establecer redes. Es una figura legendaria en el campo de la ciencia ficción gringa.
         Así que sin más, les dejo aquí los textos.
        
    CÓMO FUNCIONA
    Waren Ellis
         Me siguen preguntando con vergonzosa regularidad "de dónde vienen mis ideas".     Así va el trámite. Inundo mi pobre y avejentada cabeza con información. Cualquier información. Mucha. Y la dejo anegarse en la parte de atrás de mi cerebro, en la parte que la gente normal utiliza para recordar sus deudas, pensar sobre sexo y hacer citas para lavar los trastes.
         Eventualmente, obtienes una masa crítica de información. El datum 1 se inserta al datum 2 que se conecta al datum 3 y el data 4 y el 5 se unen y tienes una reacción en cadena. Un racimo de materiales se entreteje y se prende y tienes lo que que la gente llama "una idea".
         Y por ese breve momento cuando todo está brillando y soldándose, eres Sagrado. Nadie te puede tocar. Algo imposible y brillante ha sucedido y de pronto entiendes lo que sucedería si el cerebro de Einstein se colocara en el cuerpo de un joven tiranosaurio lleno de anfetaminas y asfixiado en Radiación Sexual.
         Esto es lo que me ha sucedido esta noche. Estoy radiando Rayos Sexuales a todo el mundo y mi cerebro está prendido con Fuego Sagrado. Si lo quisiera, podría cogerme a mil monjas y destruir su fe en Cristo.
         Desde mi silla.
         Ven, esa es la parte buena de escribir. Es lo que te mantiene haciéndolo. Es el golpe salvaje de 'mierda, ¿yo pensé eso?' con toda clase de químicos bizarros vagando en tu cerebro e ideas e imágenes y momentos y formas-historia abriéndose cortecortecorte en tu mente, una masa de posibilidades nuevas e imprevistas.
         Pasan diez minutos de las dos de la mañana, y estoy completamente conectado, atrapado en la nueva cosa, temblando y riéndome y brillando en la oscuridad. Qué bueno que estoy a la mitad de la noche. Nadie estaría a salvo de mi ahora. Podría leer sus mentes y controlar sus latidos del corazón con solo una mirada.
         Más rápido que la velocidad de cualesquiera.
         Así funciona.
        
        
    EL SECRETO DE LA ESCRITURA
    Eileen Gunn
         Octubre, 1987. ArmadilloCon, en esos tiempos la convención más hip de ciencia ficción sobre la faz de la tierra. Me encontré a Bill Gibson.
         "Tenemos que hablar" me dijo. "He descubierto el secreto de la escritura".
         Gibson es un maestro del anzuelo conversacional.
         Nos sentamos. Nos pusimos al tanto. Alguien llegó y arrastró a Bill hacia la ceremonia inaugural, de la que era parte esencial. Entonces las cosas se movieron cada vez más rápido, y pronto el fin de semana había terminado.
         Dos semanas más tarde, en casa en Seattle, contesté el teléfono. Era Gibson. "Olvide decirte el secreto de la escritura", me dijo.
         "Oquei" le contesté, "¿cuál es el secreto de la escritura?"
         Un beat, para darle énfasis. Entonces: "Debes aprender a sobreponerte a tu muy natural y apropiada repulsión por tu propio trabajo".
         Ha sido el más útil consejo de escritura que cualquier persona me ha dado.
        
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    Cableta

  • lunes, 29 de abril de 2013
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  • © 1996, José Luis Zárate

    Me atraían con el frío: agujas de hielo deshaciendo en mis venas el líquido amargo de las drogas.
         En la oscuridad del universo se abrió una rendija infinitamente pequeña por la que, apenas, pudo entrar una imagen. Labios moviéndose, desincronizados de su mensaje:
         — Podemos ayudarte.
         Casi era posible creerles, ayudar a despojarme de esa noche en la cual me habían sumergido.
         Recordé la seca explosión, el acero hundiéndose en mi carne, los garfios disparados aferrando mi cuello. Me reí, mientras trataba de arrancarme de todo eso, sin importar que me estuviera abriendo la garganta con mis esfuerzos. De hecho, me pareció muy gracioso el deslizarse de las armas por la piel, cosquillitas, cosquillitas, traté de decir, mientras la sangre inundaba mi boca.
         ¿Podrían librarme —también— de ese buen humor? ¿De la alegría salvaje de que la carne humana no tuviera más una voz audible? ¿Eso me ofrecían? ¿El dejar atrás la comprensión de que la mente ha sido envenenada por la carne? ¿El que ha sido moldeada como una esclava de necesidades pequeñas, de placeres minúsculos? ¿De la sensación de un millón de células hambrientas aferradas como parásito a uno, de sangre como hiedra sedienta, de piel como musgo hirviente, de músculos mezquinos pidiendo más, más, más?
         Si accedí a que me abrieran la cabeza fue por esa voz plañidera, para satisfacer su necesidad de alimento, seguridad, calor.
         "solo una interfase, sólo un contacto personal con nuestras cuentas, sólo un módulo de información conectado con usted"
         Sí, sólo el cráneo abierto y el olor primitivo del hueso quemado por la broca que abría un camino hacia mi cerebro, los recuerdos inconexos despertados por los electrodos al conectarse.
         jamón/mujer/mano hurgando en el agua/sed/¿qué demonios estoy haciendo?
         Escuchando a la carne... pero ¿cómo iba a saber ella (yo, los hombres que ahora tratan de "ayudarme") que estaba a punto de recibir el bendito silencio? ¿Cómo, que iba a encontrarle en la calle?
         Pasó un par de meses después, al salir del banco, con las cuentas y las cifras aún dando vueltas en mí, mis pensamientos gráficos de ganancias, cliqueteando mi memoria al incorporarse nuevos datos trasmitidos desde la computadora central, yo una cifra, un logaritmo.
         Nada.
         No era extraño, pues, que dejara que la noche cayera sobre mí.
         Él, eso, estaba entre las sombras, parte del escenario natural de la ciudad, como la calle negra y el poste de luz sangrando cables en el piso.
         Al fondo de la cuadra se quemaba un auto, con la tranquilidad con la que suelen arder los desechos, pero él no tenía nada que ver con algo tan primitivo como el fuego. Él también sangraba cables en sus ropas brillantes de aluminio y cobre, de polivinilos y acero.
         Fui retrocediendo, sin darme la vuelta, hasta que la fría caricia de los ladrillos se posó en mi espalda.
         Al principio creí que en su cara bailaba la cambiante luz del fuego, pintando sombras y remarcando rasgos. Pero esas sombras formaban máscaras y rostros nuevos, demasiado precisos para ser fortuitos. Parpadeantes. Bajo la piel llevaba una placa piezoeléctrica. Sombras y luces de cristal líquido, faz de pantalla, escondiendo sus propios rasgos bajo la electricidad.
         —¿Armado? —preguntó con el tono de quien afirma que esa era una bella noche.
         —Sí —contesté, mientras sacaba mi única protección.
         Su sonrisa se hizo más amplia, mostrándome los colmillos rodeados de hilo óptico, silueteados en luz.
         —Cheshire —se presentó—, ¿sería mucha molestia pedirte que dispararas?
         Apreté el gatillo, y el taser zumbó casi amablemente, mientras lanzaba el par de cables. Cheshire alzó las manos con una rapidez sobrenatural, y los contactos fueron a clavarse en sus palmas.
         Después, llegaron los 25,000 voltios.
         Fue como sumergirlo en luz. Todo el equipo electrónico que portaba empezó a brillar, los tatuajes cambiaron tan rápido que parecían tener vida propia, los cables incrustados en su pelo chisporroteaban, pero nada era tan extraño como su risa, sumergido en el éxtasis.
         Libre.
         Casi era una lástima el haberlo matado. Espere que Cheshire cayera, sin más. En cambio resolló, lleno de satisfacción:
         — Un día tengo que probar con una silla eléctrica.
         Arrancó los cables en sus manos, como si no desprendiera carne con ellos, sangre que hirvió en el piso negro.
         — Gracias, ahora por desgracia debo matarte, ya sabes, gajes del oficio.
         Extrañamente me pareció lógico. Después del taser le tocaba a él, era algo justo.
         —5, 657, 897 —dije porque una nueva cifra acaba de llegar a mi mente, y el mundo se borró para acomodar un nuevo dato.
         Cheshire se detuvo, como si lo hubiera golpeado.
         —897, 890, 000 —traté de decirle, en vez de mátame, por favor.
         Sentí sus dedos acariciando mi cabeza, buscando hasta encontrar el conector en la base de la nuca.
         —Un "hermano " —sonrió. Acercó el rostro a mí, sentí alrededor del plástico negro en mi nuca su lengua, recorriéndome.
         —Fresco... virgen aún... aún hay sangre, puntos que no acaban de desaparecer... qué bien, qué bien... ¿saben tus jefes que te quieres hacer matar?
         —7, 883, 994
         — ¿Lo sabes tú? Tu sí. No tu carne... pero qué importa. Voy a hacerte libre, hermano.
         Tomó uno de los cables de su ropa y lo conectó a mí. Debí huir en ese momento, hacer algo, pero sólo estaban las cifras y la carne satisfecha del alimento recién tomado, de las comodidades recién adquiridas, del sueño que le aguardaba en unos instantes.
         Y entonces Cheshire descargó en mí, y empezó la necesidad de los voltios. El placer de tanta electricidad girando en el cerebro, derribando barreras, combinando recuerdos, despertando sensaciones. Mucho mejor que meterse un virus informático en el circuito neuronal, mejor que el ciberespacio, o la matriz. Porque todo ello —esos infiernos y cielos manufacturados— tenían una lógica interna, lógica humana hasta en los programas más destructivos o alucinatorios. Pero la electricidad pura no tenía ninguna lógica, ningún propósito en este mundo, más que su existencia.
         Y el placer que despertaban era tan fortuito como la tormenta.
         Tan ajeno a la carne como el universo.
         En la brillante electricidad, en el fuego azul que iluminaba bosques en llamas, buscando los sensuales mundos forjados por el rayo.
         De eso buscaban salvarme, de ello. No por mí, sino por lo que era, por las cuentas que me llevé al huir, por los datos sumergidos en mi cerebro. Por eso la trampa, las drogas, la ayuda. Tan inútil, porque no iba a regresar.
         No a la carne, no al rumor ininterrumpido de las células. No a la lógica humana.
         Lógica de la carne.
         ¿Qué importaba lo que me iban a hacer a continuación, cuando no cooperara?
         Nada.
         Y al final sólo iba a musitar (para mí, o para la Carne que creían tener como rehén para atraerme):
         Cosquillitas, cosquillitas.

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    El mensaje

  • sábado, 27 de abril de 2013
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  • La Langosta Se Ha Posteado

  • ©2013, Eugenio Zigurat


    Ese día los ovnis dejaron de serlo; se volvieron visibles y en todos los radares del mundo sus típicos comportamientos se hicieron una descarada realidad.
         No importaba la estrategia usada en su persecución, las naves extraterrestres aguardaban sólo el tiempo suficiente para ser fotografiadas, para ser rodeadas por los cazas de combate y luego desaparecían. Todo intento comunicativo era respondido con largas parrafadas de textos y sonidos incomprensibles para los más afamados lingüistas.
         Eso fue durante la primera semana. A la segunda, empezaron los secuestros y el caos creció. Para el tercer día, las abducciones eran tan contínuas y desorganizadas que la teoría de que había grupos de imitadores aprovechando la oleada se hicieron más y más frecuentes. Fue entonces cuando los robots vigilantes empezaron a ser avistados y las bandas de criminales comenzaron su meteórico descenso. Para el viernes ya había sectas de revalorización que clamaban la santidad y benevolencia de los "hermanos mayores".
         El domingo, los más adelantados esfuerzos de los más religiosos se vinieron abajo estrepitosamente. Ese día los abducidos regresaron y las muestras de sus intervenciones quirurgicas no sólo eran evidentes a primer vista, sino patéticas, grotescas y del todo malintencionadas. Cuerpos fusionados, hermafoditismo, policefalia, polimastia y tantas modificaciones a nivel anatómico y hasta celular que ni siquiera las redes sociales se daban abasto para clasificar la extensión de aquello y mucho menos para descubrir su propósito.
         En las noticias, en las redes sociales sólo parecía hablarse de aquello. Una nueva especulación de bolsa, desde Wallstreet, dejó en claro que aquellos seres también sabían de finazas y que ninguna instituición humana les era sagrada.
         Entre los abducidos, hubo algunos, secretamente regresados, hombres robotizados, colocados en altos puestos que ejecutaron en un sólo pase la bancarrota de la economía global. El dinero se evaporó y la catástrofé al fin alcanzó a los que se creían intocables.
         Un sabado entero de caos, protestas, e insurrecciones civiles, remató en un nuevo domingo en que en cada continente, en cada capital del país, simultáneamente, una madre abducida parió una especie de molusco que tras sacudirse el líquido amniótico, en lengua local, prometió la llegada del apocalipsis.
         Los diarios se llenaron de frases, de videos de celular que capturaban esos instantes y las reacciones posteriores. En varios hospitales, madres, enfermeras o doctores trataron de aniquilar al recién nacido, sin éxito, si siquiera alcanzar a tocar aquellas extremidades tentaculares. Pocos videos lograron captar el instante en que eran teletransportados. La mayoría registró una pérdida de señal y nada más.
         La primera cumbre armada en defensa de la tierra fue convocada, respondida y organizada de manera urgente y secreta en menos de veinticuatro horas. Había cosas que nadie parecía dispuesto a aguantar.
         La señal de TV arribó de forma pirata a todo el globo y en todos los canales, utilizando los monitores viales cercanos al sitio de reunión. Inició con la llegada del platillo volador que sobrevolaba, tambaleante, oscilante sobre un paraje agreste y sin ningún atractivo visual, por eso muy pocos reaccionaron. Un minuto después, en un recuadro apareció la transmisión oficial de la cumbre, lo que indicaba la inminencia del anuncio público del acuerdo sobre la defensa atómica coordinada.
         La nave, del tamaño de un estadio de futbol, en menos de tres segundos, con su rayo desintegrador, generó un crater que arrasó con el último cimiento de aquel refugio antibombas, de aquel bunker ultramoderno y ultrasecreto. Las ojivas nucleares ni siquiera alcanzaron a autorizarse cuando ya todo había acabado. Es más, según rumores no confirmados oficialmente por ninguna fuente hasta la fecha, los silos atómicos de todo el globo fueron saqueados con rayos teletransportadores.
         Las primeras fotos satelitales de aquel crater mostraron la ironía extrema de aquellos seres; dibujada con ruinas, aparecía claramente la frase en inglés: The End is Near.
         Constreñidos, con el alma en un hilo, aún los menos afectos iniciaron sesiones de rezos en cada ciudad, en cada templo, al aire libre, en cada rincón de la tierra.
         Iniciaron, y aún hoy, ocho meses después del ataque, después de que los OVNIS volvieran a su viejo estado de simple rumor, nadie ha dejado de rezar.
         Vinieron, mostraron su poder y se retiraron.
         Hay sectas que aseguran su regreso en cuanto el noveno mes de su desaparición se cumpla. Hay religiones que aseguran contacto y perdón. El culto más extendido, argumentado a través de los videos de nacimiento, se enfoca en Cthulhu y los primigenios.
         Sea como sea, nadie, hoy en día, sabe lo que es vivir sin este temor. Ese fue su mensaje. O todo lo que de él logramos entender.    
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    El Líder

  • martes, 23 de abril de 2013
  • by
  • La Langosta Se Ha Posteado

  • © 1985, Gunther Petrak

         —...una esquizofrenia, o ésta que, por cierto, ha resultado un tiro: la NATO o Neurosis Afectiva de Tipo Onírico... es lo que está de moda, ¿sabe usted?
         El vendedor de Programas Encefálicos Para Inducir Trastornos Operativos (PEPITO) había entrado en esa fase entre angustiada y conmovedora que tienen los vendedores cuando sienten que hay que jugarse el todo por el todo. El posible cliente permanecía parado en el umbral de la casa, no muy convencido y con cara de pocos amigos.
         —¿Y para qué quiero un PEPITO de ésos?
         —"Mi amigo", corren tiempos difíciles, sí señor; nuestros propios congéneres de modelo reciente favorecen una evolución tecnológica que a los viejos nos conduce al anacronismo... no me atrevo a decir que seremos chatarra, pero... usted sabe, de aquí a cinco años, bueno, probablemente nos destinen a una humillante labor doméstica...
         —¡Uh! Qué tiene usted contra las labores domésticas —refunfuñó TXC.NN, algo ofendido porque su trabajo consistía, precisamente, en atender actividades domésticas; por un momento le pareció que el insistente "¡qué fastidio!" que presionaba el interior de su cráneo platinado lograba escapar hacia los circuitos verbales. Por fortuna, un recóndito control atávico, ideado por su fabricante, le evitó entrar en disputa.
         —Nada en absoluto —se apresuró a responder el vendedor mientras los circuitos multimodales de su cuerpo simulaban embarazo— es sólo que merecemos un mejor espacio en la jerarquía social. Estoy hablando de "nuestros derechos", sí señor. Los humanos dicen que son obra e imagen de su Dios, ¿y nosotros? Piense usted, ¡qué vergüenza!, apenas somos una imitación imperfecta, carente de dignidad...
         TXC.NN, aunque estaba dotado de una buena cantidad de fluido de vanidad, asintió con reservas. El vendedor arremetió seguro:
         —¡Se acabó, oh sí! Pues hoy un PEPITO, la más novedosa de las creaciones cibernéticas, puede acercarnos tanto a los hombres que podríamos pasar por uno de ellos y no exagero al afirmar que algún día seremos mejores...
         —¡Cielos! —exclamó el posible comprador utilizando el programa GB.4 de conductas de asombro— ¿Será posible?
         —Por supuesto... si usted adquiere este maravilloso artefacto. Véalo, es fácil de instalar, apenas pesa 49,37456 gramos y ocupa menos espacio que los procesadores de reconvención conductual; su precio, vamos, es una ganga y por si fuera poco, incluye garantía por un año y servicio especializado de mantenimiento.
         —Suena interesante —comentó TXC.NN, dubitativo—. Pero, ¿no tendrá otros modelos?
         —Ya veo, desde que usted abrió esta puerta me dije: "he aquí una persona diferente". Para compradores especiales tengo un catálogo estupendo, si me permite... —el vendedor levantó del piso un maltratado portafolios de aluminio y casi atropellando al posible comprador especial penetró en la casa y se apoderó de ella. De inmediato sacó toda la variedad de PEPITOS y TICS; también un ZAZ, media docena de MANIAS, ocho DELIRIOS y un par de anticuados YUPIS. Debido a que la mercancía estaba mal distribuida sobre pisos, sillas y alfombras, el vendedor decidió quitar de la mesa los floreros, los utensilios de alimentación, previamente ordenados con cuidado por el propietario, y hasta los tubos de alimento en pasta para androides. TXC.NN se llevó las manos a la calva y exclamó: "¡Dios mío, qué desorden!" y volvió a poner su cara de enfado deseando no tener un superego tan desarrollado para atreverse a lanzar algunas expresiones más fuertes. "Esos humanos", pensó, "debían ignorar a Freud al programarnos".
         El vendedor, por su parte, acomodaba y reacomodaba sus productos mirándolos con la cabeza echada hacia atrás como un artista que planea el punto donde dará la pincelada; por último, tomó de los hombros al posible comprador y lo sentó en una silla. Con lujo de detalles, el representante de Pepito & Co. expuso las bondades de cada uno de sus artefactos cibernéticos.
        
         * * *
        
         Cuando TXC.NN hace funcionar su procesador de memoria y recuerda cómo fue que compró ese par de manías y el delirio de grandeza que a la postre lo llevaría a ocupar tan importante sitio, sonríe con una sonrisa indescifrable y se pregunta cómo será la nostalgia. Toda su estructura electrónica se compone de herramientas lógicas, útiles en situaciones lógicas; actúa y "piensa" de acuerdo a programas previamente establecidos; pero es incapaz de sentir y puesto que no siente, ejerce el poder de manera rigurosa y calculada. El público, cansado de los discursos demagógicos de un aburrido y decrépito "Supremo", lo eligió a él para sucederle. Sus actitudes histriónicas, carentes, sin embargo, de un verdadero contenido emocional, se hallan moldeadas por sus manías y un delirio programable alojado en la zona glútea (único sitio donde hubo espacio para implantarlo). Su personalidad es producto del azar, mas resulta demasiado atractiva. La mayoría de los ciudadanos de los tres planetas habitados ignora estar regida por un robot. Y, aún sabiéndolo, es probable que no pusiese reparos, después de todo, TXC.NN es un líder carismático. Hay algo más: en un momento de la Historia, tan desconocida como crucial, ambas condiciones, la humana y la androide, se confundieron en una unidad sui generis. Pudo haber sido de este modo: día a día, los hombres alcanzaron una perfección tecnológica y un bienestar nunca antes igualado; fue fácil, entonces, satisfacer todos los apremios, inventados y naturales, incluso a costa de la naturaleza misma. Los androides jugaron un papel insustituible en el proceso. Los seres humanos domesticaron algunos impulsos y aprendieron de las máquinas los automatismos básicos; los robots, por su parte fueron instruidos para imitar a los humanos y muy pronto se incorporaron a la sociedad y se confundieron con ellos. TXC.NN es al mismo tiempo, pionero y actor "vivo" del cambio; es inmortal y la noche de su investidura como Jefe Supremo de los tres planetas sabe que su reinado durará más que cualquier imperio; es inmune a las enfermedades y a las variaciones climatológicas, además, sus elementos mecánicos y analógicos pueden ser reemplazados en su oportunidad por elementos más sofisticados. También sabe que la ceremonia celebrada en el Palacio de las Dignidades en el año 3017 será la última. La humanidad está muy ocupada buscando su comodidad inmediata para preocuparse por efectuar elecciones o restituir los recursos despiadadamente arrebatados a la Tierra. En los otros dos planetas, las bóvedas de atmósfera artificial se encuentran en estado deplorable debido a la negligencia de quienes tienen la responsabilidad de mantenerlas funcionando. Es curioso que a nadie se le haya ocurrido programar robots para esa tarea; pronto no habrá tiempo, ni aire, para lamentarlo...
         "Me arrancaré el corazón antes que traicionar los principios y deberes que el pueblo me confiere y sentiré como míos el dolor y las privaciones de mis gobernados". Si TXC.NN fuera humano habría dibujado una expresión solemne y conmovida; pero él no tiene músculo cardiaco ni siente; en cambio, posee un inigualable delirio de grandeza. De modo que, al colocar la mano sobre el pecho en gesto frenético, estuvo a punto, no de arrancarse el corazón, sino la piel sintética y hasta la tapa de su centro de operación autónoma. Ninguno de los doce políticos participantes de la ceremonia se percató del hecho, tan agobiados de mantener a raya bostezos y cabeceos. Todos morirían en el transcurso de cinco años a consecuencia de la vejez y con ellos se irían la sensatez, el buen juicio, la nobleza y la pasión del buen gobernar. TXC.NN dirigiría en solitario, durante centurias, el destino de los tres mundos.
        
         * * *
        
         "Una filaria en un escaque blanco con su inveterado estupor de ínclito personaje, teclea sus arrecidos tegumentos en busca de quiropédica superficie; mientras, en el légamo, una planaria arróbase en la siembra de setras atrapamoscas. Orugando sobre osamentas crújidas acerco la nariz al brevozo perforicio en el tablero e insuflo agitosamente. La filaria hállase lánguida y contemplávora sobre corpos ceruvéricos y sangrasos. De simultáneo, en la asquemórbida ansioledad, un grupo de pisopasos y digióculos tentean la oscuropia; de los escaques negros herviven reptilando cucarácnidos y gusófagos de cadavéreo rastro. Un halispanto repúgnido estaca coraspios y doblanza mi resuello. ¡Oh! Penetra un candilabio lucernado de bricálito astro, mas heme ya desconectado de mis sensores de aféresis..."
         TXC.NN inauguró la manía de sustituir discursos por poemas y de transmitirlos en cadena interplanetaria, vía Teleimagen Holográfica. No todos sus "videoyentes" están de acuerdo con la medida. En el lobby del Hotel Paradise, por ejemplo, una mujer alta y seca estira la cara como si oliera rapé y exclama: "¡Es un fresco!". "Se parece al autor de este cuento", ruge por ahí un gordo necio, embriagado con tintura de amianto artificial. "Es el líder más chiflado que hemos tenido", completa un androide GP.45; pero el resto, una multitud absorta en hincharse el pellejo con aire vitaminado, parece vivir ajena.
         De vez en vez, un despistado soñador, provisto de un programa romanticómico aberrativo (ROBERTO) detiene a los transeúntes para arengarlos: "Nuestro Supremo es un artista, quien tenga talento para interpretar sus parábolas será digno de alcanzar con él la posteridad..." A estos los dominan ipso facto con un certero y potente zape...
         Así transcurre la vida en los tres planetas. Entre tanto, la atmosfera se desvanece igual que un polvorón en la boca y TXC.NN ocupa su tiempo activando sus MANIAS y DELIRIOS frente a las telecámaras.
         En cuanto a su estilo en administrar el poder, hay poco que decir. No se somete a los deseos de conquista ni tiene afanes de guerra. Es un tipo pacífico y rutinario; unas veces juega con sus circuitos verbales para conjugar lo fortuito y lo automático en poemas de antología; otras, monitorea su interior, desarma y ensambla escrupulosamente cada uno de sus componentes y atiende labores domésticas. Sí, hay cosas de las que un hombre nunca logra deshacerse, menos un androide. No firma decretos, ni asiste a cenas con su gabinete; tampoco autoriza proyectos de construcción y no elabora planes de ninguna índole. Después de todo, es un robot y los robots no son olmos a los que se pueda pedir peras. Para sus conciudadanos, "todo está bien" mientras puedan disfrutar del aire vitaminado, de una piel tibia y sudorosa (aunque sea sintética) y un frasco de Coca Cola.
        
        
         EPÍLOGO
         En la actualidad habita los tres planetas una raza de seres pacíficos, muy semejantes a la humanidad ancestral. Están perfectamente adaptados a sus inhóspitas condiciones. Cada uno desempeña infatigablemente sus tareas. No padecen de sobrepoblación y no destruyen lo que los rodea. Se aferran a la cultura tradicional de hace mil años. El arte es único y repetido, además de extraño. Nadie sigue otras directrices que las que le son inherentes, pero tienen un líder que dice poemas, gesticula y parece arrancarse el corazón ante la desgracia ajena. No existen, por lo demás, desgracias ajenas, ni propias. La inmortalidad de estas creaturas es tan grande como su falta de sensibilidad. Algo más, son inútiles...
        
        
        
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