©2010, Eugenio Zigurat
Súplica, toquido vocal, clamor de ingreso en la puerta del objeto del deseo; esta película escrita y dirigida por Matt Reeves, autor en la serie Felicty y quien dirigiera el bodrio Under Siege II, se plantea, se muestra ahora como una agradable opción, un respiro en la atmósfera de lo nocturno y lo terrorífico, pese al sin número de clichés que maneja. O, a lo mejor, por lo mismo, pero al revés...Para mirar vampiros siempre habrá un grupo de incondicionales para los que la sangre, las mujeres de ropas vaporosas y los cuellos femeninos mordidos, siempre serán suficiente moneda de cambio...
Pero en esos casos hablamos de fanatismos, no de espectadores críticos.
Bien a bien ya no van quedando películas de vampiros para conocedores, sólo para fetichistas y novatos. Es como si de pronto el cine de vampiros hubiera sido tomado por asalto por una horda de semi emos cursis cuyo cerebro estuviera sumergido en melaza de la peor calidad, a tal grado que ni atrae a las moscas amantes de lo rosa, ni a los nostálgicos de los grandes dramones ni a ningun otro ser de la noche que no sea un adolescente calenturiento con ansias de trascendencia y falsa adoración a la monogamia.
Bien a bien, si tuviéramos que echarle la culpa a alguien, habría que voltear la mirada para enfocar a Francis Ford Coppola con su Drácula, el amor nunca muere, germen, donde los haya, de las peores cursilerías sanguinolentas de hoy en día.
Aunque en un un principio la de Coppola era la adaptación más fiel a la obra de Bram Stoker, ese solo agregado: “el amor nunca muere” acarreó una tonelada de imitadores y tergiversaciones que arrancara con Underworld (en sus tres partes, con toques de interracialidad), pasando por Crepúsculo y hasta llegar a la lamentable Vampire Diaries, extendiendo ese germen de la cursilería y diseminándolo como vil pandemia.
La otra porquería que campea los celuloides de los chupasangres parece muy emparentada con la CF (y también aquí incluyo a Underworld) que iniciara Guillermo del Toro con su Invención de Cronos y propagara hasta el hartazgo con Blade II: esa bazofia argumental que, sin entender el juego vampírico se pone a crear súper sanguijuelas de cada vez peores y más aberrantes calañas.
Paradójico, además, resulta en este panorama el largometraje de Matt Reeves, si tomamos en cuenta que la casa productora es, nada más y nada menos que la Hammer, sí, en efecto, esa casa que produjera las aberraciones draculescas protagonizadas por Christopher Lee y Peter Cushing.
Dar tiempo al tiempo, supongo que es el aprendizaje aquí, pues con este film, la Hammer no sólo se saca la espina, sino la estaca al apenas variar el ángulo de su obra y ofrecernos una historia fresca. Fresca, que no nueva, Let me in re-evalúa el mito vampírico, re-selecciona para ofrecernos una historia que revisa por enésima vez el estado de la sociedad adolescente en el ámbito de las escuelas, con abusos de poder, desintegración familiar y soledad.
La historia no cae en ninguno de los extremos ya planteados, ni surfea por el romanticismo falso y trasnochado de Crepúsculo, ni por la superioridad de razas evolutivas a la Blade; lo que ofrece, como en el mejor de los casos, es una historia humana que revalora el mito sistematizado por Stoker (el vampiro necesita permiso para entrar en tu casa, entre otras cosas que ya sólo los Winchester parecían valorar) y le brinda nuevos alientos sin pretender otra cosa que contar una historia.
Un misterio en lo personal, me queda por resolver, ¿Por qué se ubica la historia en marzo de 1983? ¿Alguien recuerda?. ¿Alguien sabe o tiene una hipótesis?
Soy todo oídos...
16:54:00
La Langosta Se Ha Posteado

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1 comentarios:
Al leer tus dudas finales, creo entender que no has leído ni la novela de John Ajvide ni has visto la peli original sueca dirigida por Tomas Alfredson que es de 2008 :P
Por cierto, olvidaste mencionar pelis como The Lost Boys, Near Dark, Vampires de John Carpenter (sólo la primera), From Dust till Dawn, The Forsaken, Blood Hunter y 30 Days of Night entre las pelis que han mostrado variantes del mito vampírico sin caer en la bazofia de Twilight.
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