©2011, Gerardo Horacio Porcayo
Una y otra vez, desde 2008, a través de listas de correos, blogs y e-zines especializados, una sentencia parece colectar más voces hasta transformarse en coro, en murmullo ambiental, ventisca que modifica el panorama de este género en una suerte de desierto: "La ciencia ficción ha muerto".
Tal sentencia ha acusado tan buen recibimiento que poco a poco ha ido extendiéndose a otras áreas, otras disciplinas. Ya podemos leer trabajos sobre la muerte del cine, de la música, de los mismos blogs y de casi cualquier cosa que se mueva bajo este sol.
Resaca o milenarismo tardío
Enfrentamos una época que parece asistir por decreto colectivo a la extinción de todo. A la gran catástrofe que algunos aficionados a lo paranormal vienen esperando desde los ochenta. Una cuya mayor decepción quedó fincada en el fin del pasado milenio. Nostradamus y otro puñado de profetas parecían haberse equivocado, pero, como siempre pasa en esos terrenos, basta una enmienda, un asegurar que alguna buena acción colectiva nos hizo saltar el trago amargo. O cuando menos posponerlo, pues hoy ya el calendario maya ofrece, de acuerdo a nuevos abusioneros, fecha exacta para el tan esperado apocalipsis. Las reinterpretaciones de todos esos profetas catastrofistas tienen un punto de confluencia y hasta nuevos legajos han sido 'descubiertos' para apoyar tan funesta nueva-vieja: el mundo se va a acabar.
Eros y Tánatos. A nivel global. Suma de individualidades, de pulsiones, este hábito de generalizarlo todo termina por arrojar sentencias absurdas, por proyectar el simple cansancio que enfrentamos como sociedad. O como decía Milan Kundera: "el hombre es un ser que ni siquiera sabe estar muerto". A lo mejor por eso, ésta, también es una época marcada por la presencia de los zombis en la ficción y la resurección de los clásicos en esa vertiente deteriorada que implica abadonar la tumba, como en "Orgullo, prejuicio y zombis" y productos posteriores (ya existe la promesa de filmación de "Abraham Lincon cazador de vampiros", ya se ha aplaudido la llegada de "Androide Karenina") que han querido redimensionar esa fórmula tan propia de lo posmoderno: la aceptación de que el plagiarismo, el homenaje abierto son fuente genuina, y válida, de nuevas apariencias.
En esos particulares ejemplos ya no hablamos de complejas alegorías donde una nueva historia encontraba ecos, esqueleto, en antiguos relatos clasicos. Hablamos de literal resurrección de cadáveres (si aceptamos la dudosa premisa de que "Orgullo y prejuicio" y "Ana Karenina" eran ya restos mortales enterrados) a través la incorporación de nuevos elementos.
El complejo de Frankenstein, conceptualizado por Asimov, no tenía nada que ver con lo que ahora sucede. Es la proyección original de Mary W. Shelley y su idea de collage para la resurección, lo que palpita en el horizonte actual de lo artístico. El arte se ha ido llenando, en todas sus disciplinas, en su producción, en una constante emulación de los procedimientos de Víctor Frankenstein. El problema aquí, otra vez, radica en la apariencia; en trabajos que terminan siendo sólo productos de apariencia.
Los dadaístas fueron maestros en la técnica Frankenstein, desde los poemas de recortes de Tristán Tzara hasta los ready made objects de Du Champ, pasando por algunas aberraciones que perdieran bandera. Incluso el método "fold in" de William Burroughs perseguía una filosofía, una razón que pretendía combatir la virulencia del lenguaje mismo...
Y ahora... Ahora la carrera, la lucha, la motivación, parece provenir únicamente de una vía mercadotécnica. Se produce no para el espíritu, sólo para el consumo. ¿Será que la frase de Guadalupe Loaeza "compro, luego existo" ha llegado para quedarse?
Botones y confecciones
En el siglo pasado los remakes fílmicos tardaban décadas; hoy en día, desde el reebot de Hulk, ya ningun producto, ningún estudio o consumidor, parece escandalizado por la idea de la refilmación de un producto que no satisfizo expectativas (¿de calidad o monetarias, me pregunto?).Estos once años del siglo XXI parecen dejar patente el reeboot (la reinicialización, muy en tono y paradigma digital, computacional) de universos para mejor consumo. El borrón y cuenta nueva llevado a un nuevo estatus. El reeboot como única clave de renovación.
Por supuesto, hay ejemplos en verdad loables como los integristas, de recaptura y reorientación de la original memoria y su devenir, en el terreno de los comics, por parte de Grant Morrison en sus aportaciones para el universo DC. No faltarán, en este sentido, detractores que ubiquen estas estrategias como medidas de supervivencia de otro medio amenazado por la avalancha de la digitalización.
Por supuesto, también hay lecturas optimistas que miran la fábrica de productos como "Orgullo, prejucio y zombies" como una nueva oportunidad de acercamiento de las nuevas generaciones de lectores a libros que ya no se leían.
El dicho popular afirma que "desde que se inventaron los pretextos..."
Aflösung
La palabrita es de origen aleman y la usó Hegel, en su momento para aclarar sus perspectivas sobre el ideal del arte; la palabra fue traducida como muerte, aunque en realidad implicaba un concepto más complejo: muerte y resurrección; algo que era parte de un ciclo y no un estado definitivo, estéril y condenado a la tumba.Éste, por supuesto, no es el primer equívoco de traducción en la filosofía, pero sí uno que sentara las bases para el continuo descrédito posterior hacia toda forma que pareciera desencaminarse de modelos normativos o formalistas del arte.
Y ahí las sirenas deberían prenderse y tendríamos que cambiar de página, mínimo de idea. Es como si el concepto detrás del llamado "Partido Revolucionario Institucional" se hubiera diseminado y contagiado a muchas otras áreas profesionales y geográficas del mundo, porque, ¿desde cuándo existen las revoluciones institucionales? ¿Rebelión con normas de civilidad? ¿Creatividad con camisa de fuerza y procedimientos sistemáticos?
Pero nos estamos alejando, aunque no demasiado. Nos aproximábamos a Hegel y aquí, Javier Domínguez podría ser mucho más esclarecedor, cuando nos dice:
El interés de Hegel en el ideal del arte nada tiene que ver, por tanto, ni con una estética normativa ni con una historia del arte de concepción formalista, para determinar según ellas las formas intemporales y culminantes del arte. Es útil adelantar esta afirmación, pues la idea dominante sobre Hegel es que es un clasicista. Ello quiere decir, en primer lugar, que el arte en general culminó para Hegel con la belleza lograda en la escultura de los griegos y, en segundo lugar, que el arte precedente fue una aspiración a esa belleza y que el arte posterior, incluido el nuestro, es su decadencia. En realidad, la teoría de Hegel sobre el ideal está ajustada a la concepción fundamental de su filosofía del arte, cuyo interés recae enfáticamente en la función histórico cultural del arte, en que el arte ha de ser arte «para nosotros». Hegel tuvo esta concepción del arte desde su juventud, y, sin abandonarla, la fue madurando hasta las Lecciones sobre la estética de Berlín, dictadas en cuatro ocasiones entre 1820 y 1829. (Domínguez, 2008, p. 247-48)El problema de raíz es filosófico y, por ende, nada simple de abordar. Cualquier intento reduccionista resulta, pues, en pérdidas de sentido. Domínguez, consciente de eso explica, páginas adelante:
"La filosofía del arte en Hegel es recepción del arte, ella es un agente activo en el proceso de la formación o de la asimilación cultural en la que las obras mantienen actualidad y relevancia. En este sentido, su interés en el arte se diferencia del interés objetivante de la investigación historiográfica, de la que se sirve, pero a la que no se restringe. El objetivo de su interés en el arte es lograr la articulación del significado de las obras en el saber que podemos compartir, y que las legitima como prendas suyas, como logros intuitivos que valen de por sí. (Domínguez, 2008, p. 252)¿Y a qué viene todo esto si hablábamos de ciencia ficción? Precisamente al concepto de muerte de ésta como categoría literaria, artística útil, no en el sentido de razón instrumental de, sino en esa " articulación del significado de las obras en el saber que podemos compartir".
La CF al borde de...
En otras palabras, no se trata, lo que enfrentamos hoy en día, de una muerte, un exterminio de las cosas que antes nos dieran vida. Se trata de algo más simple: un cambio de paradigma. Un cambio de modelo que sí, ha provocado la muerte (en términos prácticos) del mundo tal como nuestros abuelos lo conocieron: ese mundo inercial, cuasi estático donde las verdades eran grandes y prevalecían. Donde las verdades habían llegado para quedarse.Nada de eso tenemos hoy en día. Nada, en esta época digital, en esta época donde Twitter supera en velocidad a los medios especializados del periodismo y donde la importancia o relevancia de una noticia es localizable a través de la revisión de trending topics.
Marshal McLuhan, el mismo teórico de los mass media, sin apenas imaginar lo que sería internet, Twitter y las redes sociales, ya advertía sobre la posibilidad de este efecto desde los años sesenta:
El circuito eléctrico compromete profundamente a los hombres entre sí. La información cae sobre nosotros al instante y continuamente. Apenas se adquire una información, la sustituye con gran rapidez otra información aún más nueva. Nuestro mundo de configuración eléctrica nos ha obligado a pasar del hábito de clasificación de los datos, a la modalidad de reconocimiento del patrón. Ya no podemos construir en serie, bloque tras bloque, paso a paso, porque la comunicación instantánea nos asegura que todos los factores del ambiente y de la experiencia coexisten en un estado de interacción activa.(McLuhan 63)El tiempo para la reflexión y reconstrucción y reacoplamiento de las materias en una configuración que parezca tener sentido o luzca planeada, premeditada, ha desaparecido con la llegada del circuito eléctrico. Y no se diga del digital.
Para darnos una idea, recordemos que a finales de la década de los sesenta, cuando sólo el teléfono y la televisión constituían el concepto alegórico para McLuhan de Sistema Nervioso Central, de Circuito Eléctrico, Alberto Moravia declararía la muerte de la novela. Hecho que causó ecos en México, tanto en Carlos Fuentes como en Octavio Paz y, a su modo, cada uno, se sumaría a la perspectiva. Paz incluso reseñó la obsolecencia del término novela, como portadora de novedades.
Menciono lo anterior porque me parece necesario marcar la perspectiva de lo que va deviniendo y va conformando este nuevo mundo con estabilidad de arenas movedizas y con las materias que han contribuido a alcanzar este estado de trampa y peligrosidad. La novela moría en 1969. Y grandes novelas fueron generadas tras esas fechas. Grandes obras que seguro ya se agolpan con autrores y argumentos en sus cerebros. Grandes que incluyen a la CF y a sus ensayos sobre lo que sucedería en este año.
Este mundo que al fin, William Gibson, tras preverlo de alguna manera en su Neuromante de 1984, encara en su novela "Patern recognition", sorpresivamente (para no utilizar otro adjetivo más escandalizado) traducida como "Mundo Espejo", en el capítulo 6, a través del diálogo de sus personajes, de la siguiente manera:
—Por supuesto —dice él—, ahora no tenemos ni idea de quiénes o qué podrían ser los habitantes de nuestro futuro. En ese sentido, no tenemos futuro. No en el sentido en que nuestros abuelos tenían futuro, o creían tenerlo. Imaginar un futuro completo es cosa de otro tiempo, un tiempo en el que el «ahora» tenía una duración mayor. Para nosotros, por supuesto, las cosas pueden cambiar tan bruscamente, tan violentamente, tan profundamente, que futuros como los de nuestros abuelos tienen un «ahora» que no basta como base. No tenemos futuro porque nuestro presente es demasiado inestable. —Sonríe, una versión de Tom Cruise con demasiados dientes, y más largos, pero aun así muy blancos—. Sólo tenemos la administración del riesgo. Los cambios de escenario de cada momento. El reconocimiento de pautas. (Gibson, Mundo Espejo)O pattern recognition o reconocimiento de patrón, de acuerdo a lo traducido en McLuhan. Una técnica que, según se advierte sin explicarse abiertamente en el tercer capítulo de Gibson, es característica del hombre porque "El homo sapiens tiende al reconocimiento de pautas (...). Que es a la vez un don y una trampa". (Gibson, Mundo Espejo)
Un presente "demasiado inestable" analizado por una metodología "que es a la vez un don y una trampa". Un futuro sin cimientos firmes. O mil futuros instantáneos sin proyección a largo plazo. Esa trampa que significa entrar en la cinta de moebius. Productos instintivos, como respuesta emergente a un problema que no es abarcable en su entera panorámica.
El presente se sitúa como una especie de "Predator" con su tecnología de invisibilidad, perdido, mimetizado en una selva de sobreinformación que incluye las contradicciones periodísticas, las declaraciones diplomáticas, videos de celular en YouTube, frases cortadas y plagadas de faltas de ortografía, Twitter, Facebook, blogs y todo cuanto pueda adendarle materia... incluyendo fantasías Photoshop adecuadamente trabajadas para hacerlas pasar como realidad.
La realidad ya no era lo que antes, menos el futuro, habría que decir, como han dicho tantos. Y tantas. La última, hasta donde se lleva registro en estas latitudes, fue nada menos que Angélica Gorodischer, quien aseguraba en una entrevista con Alejandro Frías:
… hace mucho que no leo ciencia ficción, no me gusta lo último, y tanto Ursula como yo pensamos que la ciencia ficción está agotada, que se dijo todo, y el otro día, leyéndolo a Umberto Eco, en ese libro maravilloso que se llama Nadie acabará con los libros, él dice una cosa muy notable: cuando hablamos del futuro, estamos hablando del pasado. Tiene razón, porque no nos apoyamos en nada que sea desconocido, siempre tenemos que tener un apoyo en algo conocido. Si vos querés describir un cohete que va a la galaxia Pichiruchi, tenés que agarrarte de lo que conocés, porque si no cómo lo vas a describir, tenés que agarrarte de la moto, del avión, del helicóptero para construir un cacharro que vaya al espacio. Entonces, ya hemos hablado de los posibles futuros, hemos hecho utopías y distopías, y se terminó, parece que ya hubiéramos llegado a los límites de eso. (Gorodischer, 2011)Y así, como Angélica Gorodischer, ahí, en ese justo punto del panorama global estamos; en pleno desconcierto de frente a modelos que parece han dejado de marchar, amores que no se acaban pero que ya no se viven o se gozan como en la juventud... Atrás quedaron los tiempos de la Space Opera y los cantos de supremacía racial, atrás quedó la defensa feminista, tras ganar algunas batallas, atrás la defensa de las ciencias no exactas, de la psicología, la estética, de la misma segregación racial... Los que antes no tenían voz, hoy tienen representantes... Dicen...
Atrás parecen quedar todos los prejuicios y, de manera aparente, publicitada, extra vitoreada a través de los medios masivos de comunicación, vivímos en el más tolerante, abierto y dialogante mundo... Aparentemente, porque abajo, tras el maquillaje, la máscara cosmética de los mass media, poco a poco empezamos a descubrir, a través de la internet misma y las activaciones sociales individuales, que existe otra forma de mundo; una verdadera que sólo atiende a lo económico, a la lucha de zaibatsus, de corporaciones multinacionales cuya voz es mercadotécnica; esa que aún, como aseguraba Ángel Rama, sigue controlada desde la Ciudad Letrada: bestsellers inocuos, retrógados, escapistas o falsamente, institucionalmente revolucionarios son los que se publican y distribuyen. Semejantes productos se manejan en el cine, en la pintura, en la escultura. Formas inocuoas que no generan reacciones químicas, biológicas, humanas, de ningún tipo.
Estamos en la era cool. En la era de todo está bien... Y como nos explica el mismo Hegel, a través de Domínguez:
El arte perdería su relevancia cultural, sobre todo la relevancia crítica y de ilustración del juicio de los individuos, si, como pensaba Hegel, siguiendo aquí a Schiller, le diera a la época solo lo que aplaude, mas no lo que necesita (Domínguez, 2008, p. 258)La época aplaude la flacura de las modelos y no importa cuántas campañas contra la anorexia se levanten, lo que queda para el aplauso sigue siendo el paradigma esquelético. Ése que se alaba y encumbra en cada comercial, en cada figura pública que quiere relevancia...
¿Qué Ciencia Ficción es posible construirse con tales cimientos? El mismo Gibson parece responder en diálogo de personajes de esa misma ficción citada, del capítulo seis:
—El futuro está ahí —se oye decir Cayce—, mirando atrás, hacia nosotros. Intentando dar sentido a la ficción en la que nos habremos convertido. Y, desde donde están, el pasado que tenemos detrás no se parecerá en nada al pasado que imaginamos ahora detrás de nosotros.
—Pareces un oráculo. —Dientes blancos.
—Lo único que sé es que la única constante en la historia es el cambio: el pasado cambia. Nuestra versión del pasado interesará al futuro más o menos tanto como nos interesa a nosotros el pasado en el que pudieran creer los Victorianos. Simplemente no les parecerá demasiado trascendente. (Gibson, Mundo Espejo)
¿Ciencia o Especulación?
Detrás podemos poner un pasado idealizado, para construir un nuevo futuro. Eso ha hecho una buena parte de la población en Europa, en Brasil: apegarse al steampunk y ficcionalizar hacia zonas no vistas. O no vistas de esa manera...¿Pero qué pasa con un pueblo que pierde su memoria? ¿Qué pasa con las historias que no escribirán los historiadores y no capturarán los literatos?
Desde los sesentas Heinlein, y luego Ellison, pugnaron por cambiar el rubro Science Fiction (Ciencia Ficción) por Speculative Fiction (Ficción Especulativa) para cambiar el orden de importancia que el vocablo parece darle a la ciencia en lugar de a la ficción y dar con ello mayor libertad al alma creativa.
Quizá hoy, más que nunca, este cambio de modelo necesita asumirse desde los dos lados, el lector y el escritural.
La CF cumplía la función de hablar desde una perspectiva informada del impacto de la ciencia en el desarollo humano. Gibson alcanzó a hablar de adicción a la tecnología en su Neuromante y hoy esa es una realidad que vivimos a través de gadgets y redes sociales.
Nuestro mundo, nuestro universo conceptual actual, en esta inmersión en lo digital, es un ciclópeo queso gruyere que daría cabida a cualquier intento de genuina exploración especulativa a través de la ficción.
El mismo Dominguez, consciente de los tiempos de Hegel y de los actuales, escribe (en 2008):
El pluralismo actual del arte responde a las necesidades de la época, entre ellas algunas del arte mismo. Volver a mirar a Hegel no intenta corregir las realidades del arte hoy, sino disponerse, quizá mejor, a los modos como el arte pretende mantenerse relevante. (Domínguez, 2008, p. 254)Y más que un requiem, una nostálgica despedida, lo que parece que nos toca, a quienes quedamos aquí, a quienes en verdad seguimos en la ruta evolutiva de la CF, no es explorar el espacio exterior, ni el interior, sino los dos, desde el interregno de esta catatonia del ser en lo digital.
Bibliografía Citada:
- Domínguez, Javier. (PDF) “Cultura y arte: una correspondencia en proceso. El ideal del arte en Hegel, correcciones a una interpretación establecida” en Acosta, María del Rosario. La nostalgia de lo absoluto: pensar a Hegel hoy. Universidad Nacional de Colombia, Colombia, 2008. Disponible en: www.bdigital.unal.edu.co/1436/2/01PREL01.pdf
- Gibson, William. Mundo Espejo. Minotauro, Argentina, 2004.
- Gorodischer, Angélica. "La ciencia ficción está agotada, ya se dijo todo" en Frías, Alejandro (entrevistador) Diario de Mendoza, 7 de septiembre de 2011. MZD On Line, Argentina, 2011. Disponible en: http://www.mdzol.com/mdz/nota/324371-la-ciencia-ficcion-esta-agotada-ya-se-dijo-todo/
- Kundera, Milan. La Insoportable levedad del ser. Tusquets, México, 1988.
- McLuhan, Marshal y Fiore, Quentin. El medio es el masaje. Un inventario de efectos. Paidós, España, 2001.
11:54:00
La Langosta Se Ha Posteado






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1 comentarios:
No sólo sobrevive la ciencia ficción, además se propaga su influencia. La década pasada tuvo muchos autores bien establecidos y ajenos a la CF utilizando elementos de CF.
Feliz fin de año.
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