miércoles, 15 de febrero de 2012

Por Poe y los que abrieron caminos


©2012, Langosta Espía

Cada año observamos, asistimos a nuestra orfandad literaria.
    Y a veces es como si nos complaciéramos en el dolor, como si sólo buscáramos transmitir un dolor que persiste y no se quita, no se apaga; enciende cada 365 días el rito de lo abominable, de lo profano.
    Pero cada año, también, no nos reunimos para  sufrir, sino para celebrar la esporádica, apenas sutil estancia de su paso por esta tierra de callejones cerrados y auroras muertas.
    Poe nació para admirar y cantar la labor de la muerte. Lo quisiera o no. La suya fue una encomienda terrible y blasfema, un erial de deseos transformado en lámpara maravillosa y, desde ahí, el rito del deseo se estableció con anclas de fuego y fierro.
    Nada resta salvo la muerte y el duelo y el olvido. Cada año, en cada ciclo...
    Eternidad de tumba, de entierros prematuros. Quizá en otras áreas donde Poe es escolaridad obligada, su fibra no resulte tan tenaz, tan sensible. Quizá...
    Lo cierto es que en estas coordenadas donde la convivencia con la calaca es tan tradicional, nada puede resultar más endémico, más fiel, que el pulso mismo del señor de Boston.
    Van por él estos textos, esta semiedición de nuestro inconstante pero apasionado blogzine, para variar de manera tardía pues apenas, el pasado 19 de enero, debimos soltar este número... Pero… nuevas sorpresas vendrán, según me han contado…

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

 
Design by Free WordPress Themes | Bloggerized by Lasantha - Premium Blogger Themes | Macys Printable Coupons