sábado, 3 de marzo de 2012

Goteras sobre su mente

©1995, Gerardo Horacio Porcayo

    
     Habían cometido una gigantesca equivocación.
     La culpa era en parte suya. Lo supo, en el umbral del renacimiento de su memoria.
     Ahí estaba el camino amarillo. Largo, impactante, sorbiendo misterios a cada alma que cursaba sus baldosas.
     Era una forma estúpida de reconocer la transición. Para otras personas el camino estaría lleno de espinas, huesos humanos roídos por animales inconcebibles o sólo tinieblas, con la apertura luminosa y vaginal al extremo más lejano.
     Para él había fantasía, libros queridos, recuerdos impostados en un escenario que debiera permanecer en la estepa de lo quimérico. El camino amarillo y Dorothy. Una Dorothy diferente al entorno. Todo lo demás parecía real, tangible. Menos ella, bidimensional, su piel y ropas en una escala del sepia que denotaba su origen fotográfico. Sus zapatillas sí eran de rubí; rojas, cristalinas. Y su voz... ¡Dios, su voz!
     —Phil, te esperábamos —dijo Dorothy, su timbre vetusto y conocido; ajeno al de esa niña en nitrato de plata que acostumbraba llevar a todas partes, imaginándole una vida distinta que acabaría abarcándolo a él.
     Sólo era su madre, disfrazada de niña, corriendo hacia él con un rumor de articulaciones artríticas, una velocidad que sólo la vejez puede conferir... con una irrealidad que evidenciaba su no alcance a esta etapa evolutiva del alma.
     ETAPA EVOLUTIVA DEL ALMA. Por unos segundos detuvo el flujo de sus pensamientos para reconsiderar su perspectiva. ¿Cómo sabía qué lugar habitaba? Según la navaja de Ocam lo más lógico era pensar en un mal viaje de droga. No en muerte. Sin embargo...
     Un abrazo frío, de sustancia alterada. Los bracitos sepia consiguieron abarcar la totalidad de su amplio vientre, contra toda espectativa.
     —Te esperábamos, Phil —repitió Dorothy y sus caricias resultaban igual de incómodas que antes.
     —¿Quiénes? —preguntó él.
     —Jane, yo y... —Dorothy en duda— Tus amigos y...
     No hacían falta más referencias. Aquello no era su madre ni Dorothy. Tampoco un simulacro, era algo más oscuro y primitivo.
     >>¿Primigenio?<<
     ¿De dónde venía ese concepto que se colaba como en goteras sobre su mente?
     —Vamos, Phil, apresura tu culo gordo y apestoso, Jane tiene grandes deseos de verte... Le he contado sobre ti, pero ya sabes, nunca te conoció —lo aferró de la mano, arrastrándolo por la senda. Su mente, más confusa que nunca. Variantes de lenguaje que su madre jamás hubiera utilizado. Había algo maligno en todo eso.
     No dejó de observar ni un detalle. La vio girar y su bidimensionalidad fue múltiple. Aún de costado no era como una foto rígida, sus ángulos se movieron y presentaron la superficie adecuada.
     El sol pendía sobre un cenit dislocado, parvadas de aves homúnculas surcaron más allá de las nubes estragadas por vientos que no gemían ni acariciaban la piel.
     Las baldosas disminuyeron a la par de su resistencia. No corrió. Él, Dorothy movía las piernas como si se tratara de una película muda. El camino se estrechó hasta parecer un cabello.
     —Jane, mira, éste es tu hermano —dijo Dorothy. La inercia había acabado, con ella la distorsión. El camino era amplio otra vez.
     —Hola, Phil, me han hablado mucho de ti —voz neutra, sin inflexiones, surgida de un cofrecillo labrado en forma de niña. Sus patas de diseño barroco, moviéndose como las de una araña—. Bienvenido, aquí ni siquiera hace falta aceite para seguir activo.
     Sus sentimientos eran un caos. Había deseado esta entrevista, con fuerza y locura. Ahora la incertidumbre, la misma y ambigua certeza constituían un obstáculo casi insuperable.
     —Te extrañé, Jane —dijo y de inmediato sintió las patas de latón rodear su cuerpo en una caricia extraña y placentera.
     —Por allí andan James y Anthony —dijo Dorothy, más cariñosa que nunca—, si quieres podemos buscarlos.
     —No —gruñó él. Los datos ya eran suficientes. Anthony sería un espantapájaros y James...— ¡BASTA! —gritó alzando la mirada a la bóveda celeste— ¡Esto no es justo, reconozco mi error!
     Una cara de grandes dimensiones se hizo presente, en forma mágica y por demás aparatosa, a mitad del camino, soberbia, imponente... casi familiar.
     —Esto no es la Tierra —dijo, en voz omnidireccional—. Aquí no necesitas gritar.
     —Porque no es la Tierra, las cosas deberían ser distintas —dijo él, retador. Había aguardado demasiado tiempo para realizar un debate de este tipo, para confrontar cara a cara al origen de sus desdichas. Sea cual fuere.
     Una risa llenó los más oscuros recovecos del silencio y aturdió su mente. No hubo cambio perceptible en el inmenso rostro, sólo sonido.
     —Deberían... Eso suena muy humano y ya no eres más un humano, Phil —dijo.
     —¿Qué soy? ¿Un alma? ¿Un sueño? ¿Un ex-humano falible que no dejó bien claros sus deseos de cómo debería ser enterrado? —su ceño bien fruncido, sus venas transportando adrenalina a raudales.
     —Eres lo que siempre has sido —afirmó el rostro.
     —¿Y tú quién eres? —preguntó, mirando a su alrededor, tratando de percibir los efectos de sus palabras. Dorothy y Jane parecían estatuas de sal. El camino amarillo semejaba una larga extensión de arena sin mar.
     —Lo sabes muy bien, Phil.
     —Alguna vez hice una promesa, un juramento... No dependió de mí el ser cremado. Si Dios es justo, yo no debería de estar aquí —argumentó, indignado. No era una justificación que buscara la respuesta final, sólo una prueba.
     —¿Soy el Maligno, acaso? —preguntó el rostro.
     —No puedes ser otra cosa. La tortura es característica del "Maligno".
     El rostro, por vez primera mostró una secuencia de inflexiones, de gestos que expresaban lo que su interior sufría.
     —¿Cómo debe ser el paraíso? —cuestionó el rostro— ¿Cómo debe ser para ti?
     —Un lugar donde lo imposible, lo inverosímil, lo nunca antes visto se haga realidad.
     —¿Y qué crees que te estoy dando? —dijo el rostro.
     El mundo se disolvió en un solo golpe. Mareas de colores, mente que gira incontrolable.
     Era un mal viaje, sólo un maldito y jodido mal viaje, pensó Phil.
     Después el mundo se hizo claro.
     Un Pierce-Arrow 1939. El volante firme y liso bajo sus manos, el ronroneo característico. La radio estaba trasmitiendo los últimos acordes de Nightmare de Artie Shaw. Las calles no discordaban en lo absoluto con el modelo del automóvil. Miró un anuncio de la Coca-Cola y también parecía surgido de aquellos años pretéritos.
     >>¿Qué crees que te estoy dando?<<
     Otra vez la voz.
     Y algo más, surgiendo de bocinas primitivas, de una banda de AM seleccionada en un aparato donde el metal resaltaba en diseños que jamás se volverían a repetir, estaba un comercial donde podía reconocer su propia pluma, su propia creación literaria, líneas de una de sus novelas más laberínticas.
     Escuchó con estupor, sin acabar de creérselo.
     >>Para ti, este estado es la felicidad, cualquier otra cosa sería una tortura<<
     La voz, la maldita voz.
     Y la comprensión lo golpeó de manera contundente.
     Las lágrimas bajaron por sus pómulos, se alojaron en su barba.
     Sabía cuál era su destino. Vivir la incertidumbre, el laberinto de sus tramas, la angustia de lo desconocido.
     —¿Este es todo el premio? —dramatizó. No más dudas. Un ente oscuro acechaba sus pasos aún después de muerto. Y tampoco ahora dejaría que le ganara la partida. Aferró el volante con más fuerza. Las claves estaban en su poder. Esta vez la derrota era imposible. Hundió el acelerador.
     Cuatro cuadras después, la sirena empezó a perseguirlo.
     La patrulla se emparejó. Era un auto inglés. El policía lo miró, compadecido.
     —También mis lágrimas han fluido —dijo y aceleró hasta perderse en el horizonte de asfalto.
     Su mente no aceptó esa clase de realidad.
     —¿A qué juegas, demonio? Al menos ahora tendrías que hacerlo de manera limpia —exclamó, lleno de rabia, antes de alcanzar otra de sus tramas.
     El demonio, sin embargo, estaba y seguiría ausente.
    
    
     Para Philip K. Dick
     A 13 años de su muerte.
    
     Angelópolis, marzo de 1995

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

 
Design by Free WordPress Themes | Bloggerized by Lasantha - Premium Blogger Themes | Macys Printable Coupons